Diana Cruz: “La tarea no termina cuando se apaga el fuego”

Como presidenta de la Comisión de Biodiversidad y Ambiente del Distrito Metropolitano de Quito, esta semana abordaré tres temas que tienen relación directa con la vida de nuestra ciudad: la restauración de los ecosistemas afectados por los incendios forestales, la promoción del pasillo ecuatoriano como parte de nuestra identidad cultural y el bienestar de los animales comunitarios, a propósito del homenaje a Max.

La tarea después de los incendios es restaurar nuestros ecosistemas

Entre el 1 de julio y el 20 de septiembre se registraron 217 incendios forestales en Quito, con aproximadamente 1.650 hectáreas afectadas, de acuerdo con el balance del Cuerpo de Bomberos de Quito. La dimensión de esta afectación no se mide únicamente en superficie: el fuego también compromete vegetación, suelos, hábitats y fuentes de alimento para la fauna silvestre.

Uno de los casos más graves fue el incendio del cerro Casitagua. Una vez concluidas las labores de liquidación, la Secretaría de Ambiente determinó que más de 525 hectáreas fueron afectadas y que el incendio comprometió refugios y fuentes de alimento de distintas especies.

Frente a esta realidad, desde mi despacho solicité información a la Secretaría de Ambiente para conocer la aplicación de la Ordenanza Metropolitana para la Gestión de Incendios Forestales a través de acciones de Manejo Integral del Fuego y las medidas previstas después de las emergencias.

Esta normativa establece herramientas para actuar antes, durante y después de los incendios. Mi responsabilidad como concejala es fiscalizar que esas herramientas se apliquen, identificar qué funcionó, qué dificultades se presentaron y qué debe mejorarse para reducir el riesgo de nuevas emergencias.

Ahora viene una etapa fundamental: la restauración ecológica. El Municipio ha anunciado intervenciones en las zonas afectadas una vez que existan condiciones adecuadas para trabajar sobre el suelo. El proceso contempla especies nativas, monitoreo técnico, participación comunitaria y acompañamiento académico.

Para mí, restaurar no significa únicamente sembrar árboles. Primero debemos conocer las condiciones de cada área, determinar qué puede regenerarse naturalmente y dónde se requiere una intervención. Después de una jornada de siembra también debe existir mantenimiento, seguimiento y evaluación de la supervivencia de las plantas.

Por eso, daré seguimiento a las acciones previstas para octubre y noviembre y a los criterios técnicos que determinen dónde y cómo se intervendrá. Queremos que la participación ciudadana se traduzca en una restauración sostenible y no en una actividad aislada.

El pasillo ecuatoriano también es parte de nuestra identidad

El jueves 1 de octubre, junto con el concejal Darío Cahueñas, presidente de la Comisión de Educación y Cultura, participaré en una jornada para acercar el pasillo ecuatoriano a distintos espacios de Quito.

Estaremos a las 12h00 en el Mercado de Iñaquito, a las 15h00 en la Casa Somos Roldós-Pisullí y a las 17h30 en la Plaza de Cotocollao, donde compartiremos un Karaoke Pasillero.

Queremos llevar nuestra música a los lugares donde ocurre la vida cotidiana de la ciudad: los mercados, los barrios y las plazas. El pasillo forma parte de la memoria de muchas familias y queremos que también encuentre un espacio entre las nuevas generaciones.

Esta iniciativa se suma a la programación de octubre dedicada a la música ecuatoriana, que contempla conciertos, encuentros y actividades para acercar distintas expresiones de nuestra identidad cultural a públicos diversos.

Para mí, defender nuestra identidad también significa generar espacios donde la ciudadanía pueda encontrarse, escuchar nuestra música y mantener vivas las historias que forman parte de Quito.

Max deja una historia de cuidado y responsabilidad

El domingo 4 de octubre, Día Mundial de los Animales, acompañaré a Poliperros, colectivos animalistas y vecinos en el homenaje a Max, el perro comunitario que durante más de 15 años formó parte de la vida cotidiana de estudiantes, trabajadores y vecinos de los alrededores de la Escuela Politécnica Nacional.

A las 10h00 se realizará la develación de su monumento en la denominada esquina de las universidades, en la avenida Isabel la Católica y Alfredo Mena. Durante la jornada también está prevista una bendición para los animales que asistan con sus tutores.

Max fue cuidado durante años por estudiantes y miembros de la comunidad. Poliperros acompañó su alimentación, atención veterinaria y bienestar, convirtiendo su historia en un ejemplo de cuidado colectivo.

Pero este homenaje no busca solamente recordar a Max. También nos permite hablar de los animales comunitarios y de la responsabilidad que tenemos como sociedad frente al abandono, el maltrato y el cuidado de los animales que forman parte de nuestros barrios.

Como autoridades debemos escuchar a las organizaciones y colectivos que conocen esta realidad desde el territorio. En el caso de Max, Poliperros incluso entregó al Municipio un manual para el manejo responsable de perros comunitarios, una propuesta que puede aportar a la construcción de mejores prácticas en otros sectores de Quito.

Tres temas que hablan de la ciudad que queremos

Restaurar nuestros ecosistemas, preservar nuestra identidad cultural y promover el bienestar animal son tareas que requieren participación ciudadana, responsabilidad institucional y continuidad.

Desde mi función como concejala continuaré fiscalizando, escuchando a la ciudadanía y dando seguimiento a estos procesos para que las decisiones públicas respondan a las necesidades de Quito.